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  • Paco Calvo

¿Sensible o duro?

Constantemente creamos y recibimos emociones que compartimos con los demás. Y como si de una radio se tratase, a mayor amplificador, mayor alcance, a mayor antena, mayor recepción…

La creencia de que las personas sensibles son más débiles es falsa. Simplemente sienten más y viven con mayor intensidad. Ven belleza donde otros no ven nada. Muestran delicadeza en sus relaciones y entienden el lenguaje corporal de manera natural y por ello, empatizan más fácilmente.


Con sensibilidad se nace, pero también se hace… La plasticidad de nuestro cerebro permite generar millones de conexiones sinápticas nuevas, que generan cambios en nosotros. De esta forma, con el nacimiento de nuevas conexiones y la muerte de otras, surgen nuevas versiones de nosotros mismos. La sensibilidad por lo tanto, puede aumentar con entrenamiento y algo de voluntad. Quizás sea necesaria la abstracción o meditación, que ayuden a evadir lo cotidiano, encontrar espacios para la ausencia y relajación donde uno pueda embriagarse con los sentidos. Puede que la naturaleza o el arte, sean buenos medios por los cuales incrementemos nuestra sensibilidad. Sin embargo, nos enseñaron culturalmente a ser chicos duros en un intento de evitarnos el sufrimiento. Pero sufre tanto la persona sensible como la dura, porque tras la fachada tras la que cada uno se oculte, está la persona… y en muchas ocasiones es solo una cuestión de apariencia. Un Homo Sapiens tras una coraza, no deja de ser un Homo Sapiens…


La mayoría de nosotros queremos a personas sensibles a nuestro alrededor, porque su presencia es entrañable, porque generan bienestar con sus palabras. Compartir espacio con una persona insensible no es placentero ni agradable. La facultad de darle magia y energía a los espacios, solo está en manos de los que sin prejuicios, se dotaron de sensibilidad.

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