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  • Paco Calvo

La soledad

Actualizado: 22 de ago de 2019

A veces necesitamos momentos de soledad, esos en lo que se aclaran ideas, se desconecta y nos hablamos introspectivamente a nosotros mismos de nuestras cosas. Son necesarios, agradables, elegidos y nos dan paz. Cuestión diferente es estar o sentirse solo.


Me viene al recuerdo la película “El Náufrago”. Chuck Noland, caracterizado por el inigualable Tom Hanks, se encuentra solo en aquella isla inhóspita. Con el tiempo se siente obligado a hablarle a una pelota de voleibol. Le pinta una cara humana, le pone nombre y hasta desarrolla sentimientos hacia aquel objeto. Todo para no caer en la locura y el vacío al que arrastra la soledad. Es especialmente conmovedora la escena en la que pierde la pelota y le pide perdón “Wilson lo siento” pronuncia mientras llora desconsolado, como si de un ser querido se tratase.


El ser humano es una especie social por naturaleza, como ya preconizara el propio Aristóteles. Debemos nuestro ser y existir, nuestra supervivencia, a nuestra condición social y por ello, dentro de nosotros se articulan complejos mecanismos psicológicos y fisiológicos, para que al igual que nos sentimos obligados a comer o dormir, nos sintamos obligados a relacionarnos, a pertenecer y ser aceptado por una “tribu”. El psicólogo Kip Williams describe como medimos constantemente el valor relacional de forma casi automática, (cómo somos considerados por los demás). Levine y Kerr lo denominan el sociómetro interno. Cuando sentimos que los niveles son bajos o no están satisfechos, entran en funcionamiento mecanismos psicológicos que generan malestar personal para corregir esta situación. Lo hace de forma inconsciente, por lo que es difícilmente controlable (opera en otro plano...) y lo hace a través de las emociones, afectando directamente a nuestra autoestima, y por lo tanto a nuestra salud psicológica. Tristeza, ira, culpa, vergüenza, entrarán en funcionamiento según el caso, para evitar a toda costa el rechazo, el ostracismo y la exclusión social, que hubiesen supuesto en los tiempos cavernícolas, una probabilidad de muerte muy alta, y una improbable posibilidad de procreación (puede que hoy siga siendo así).


Necesitamos a los demás en una relación de interdependencia, compartir experiencias, sentimientos y sueños. La felicidad corrobora positivamente con la calidad de nuestras relaciones personales, y por ello, son de estas relaciones de las que depende en buena parte nuestro bienestar. Es difícil ser feliz cuando se está solo. En parte es como las cosquillas, no nos la podemos dar a nosotros mismos, necesitamos la interacción con otra persona. Reímos, lloramos, intimamos y compartimos con los demás….


Jorge Bucay, el conocido como el Doctor del Alma, afirma que “Estar solo no es casualidad”. Lo que viene a sugerir que es una causalidad… La tentación es buscar respuestas afuera, en el exterior, en los demás… pero la respuesta a esa causalidad es interior. ¿Qué hago yo para estar solo?, ¿Qué hago yo para que no quieran mi compañía?. Usando el pronombre YO, podremos acercarnos a una respuesta más fundada y sobre todo, que dé margen para que la situación cambie. Buscar la respuesta en los demás ¿Por qué me dejan solo?, no genera cambios y por lo tanto prolonga la soledad.


Chuck Noland, terminó hablándole a una pelota obligado por las circunstancias, para evitar volverse loco. Él no pudo elegir… la mayoría sí podemos…

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