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  • Paco Calvo

La inocencia perdida

Actualizado: 23 de ago de 2019

Parece que la inocencia se disipa con los años en la mayoría de las ocasiones. Los niños están repletos de ella, por ello son los inocentes por excelencia. Conforme crecemos, descubrimos que no siempre nos dicen la verdad, que incluso las personas en las que más confiamos mienten, desconociendo que a veces fue incluso por nuestro bien. Descubrimos que hay algunas lagunas en las historias que nos han contado. Que nuestro padre no lo sabe todo y no es perfecto, que es humano también…


Descubrimos que la gente no es íntegra, que hay contradicción entre lo que dicen y hacen. Que justifican malas acciones por interés personal o por un fin bueno. En definitiva, descubrimos las miserias de nuestra raza y comenzamos a desconfiar en el ser humano, capaz de las cosas más bellas, al igual de cometer las mayores aberraciones imaginables. Con el tiempo perdemos la inocencia…


Por las decepciones, o por daño o sufrimiento pasado, comenzamos a desconfiar de forma automática, incluso en personas que ninguna excusa nos dieron para desconfiar, desarrollando lo que se ha llamado en Psicología “La teoría de la mente”. ¿Qué habrá querido decir?, ¿Qué estará pensando?, ¿Cuál es su propósito real?, ¿Está mintiendo? etc. Sencillamente, uno ya no se cree todo lo que escucha.


¿Es esto justo?, ¿hasta qué punto nos favorece?. Parece que cuando uno ya no se cree nada, se ahorra decepciones, pero también se pierde formar parte de proyectos, aventuras, causas. Se pierde formar parte de cosas transformadoras, ¿No estamos renunciando a vivir entonces?, ¿a la esperanza e ilusión?. Si hemos sufrido de desamor por ejemplo, podemos estar tentados a renunciar a volvernos a enamorar para evitar de nuevo otro posible daño. Pero también renunciamos a cosas, quizás la vida se vuelva cada vez más gris… cada vez con menos inocencia.


Puede que sea conveniente hacer un pequeño esfuerzo, pera intentar minimizar las pérdidas y conservar algo de inocencia que nos devuelve a nuestra niñez, y con ello, el brillo de los ojos que caracterizan a las personas que la mantienen, que siguen creyendo…

Reconocer que no todo es perfecto, no implica, que muchas cosas no sean hermosas y que en la mayoría de las ocasiones, hay buena voluntad en las personas que forman parte de nuestra vida. Y una excesiva desconfianza en todo, apagará inexorablemente, el niño que llevamos dentro…

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