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  • Paco Calvo

En busca de nuestra mejor versión

Actualizado: 22 de ago de 2019

Hay una delgada línea que separa, el hecho de aceptarse cada uno a sí mismo, a conformarse cada uno con lo que es. Aceptarnos nos proporciona paz y autoestima. Conformarnos nos niega la posibilidad de cambio, vislumbrar un horizonte más esperanzador.


“Yo es que soy así”, pronuncian algunas personas a menudo, sobre todo cuando alguien les reprocha alguna conducta. Es una frase que nos ancla a seguir siendo el mismo, a conformarnos con lo que somos hoy, sin dejar mucho margen a que se pueda cambiar y mejorar.

¿Acaso no hay mejor propósito en la vida que crecer como ser humano?. En lugar de conformarse con lo que se es, quizás sea más coherente aspirar a ser lo que a cada uno, le gustaría ser, de forma que el yo real o actual, se encamine al yo ideal.


Toda persona tiene margen de mejora, porque el que más y el que menos, tiene aspectos en su vida que puede mejorar. Son pequeñas “taras” que nos dificultan la vida a nosotros mismos, y a los que se relacionan con nosotros. A veces son de tipo genético; nacemos con un temperamento, podemos ser más o menos impulsivos, o tener predeterminado un estado emocional o de ánimo. Otras veces proceden de lagunas de la niñez o bien por sentencias que hemos recibido en esos años tan sensibles, que se transformaron en creencias que a veces, son limitantes y determinan la vida que vamos a vivir.


Durante la infancia tenemos poco margen de control, las circunstancias y los mensajes que recibimos son impuestos, y crean las partes que más nos gustan de nosotros mismos, y las que no también. En otras ocasiones, sencillamente no nos gusta nuestro trabajo, nuestras relaciones, la vida que vivimos…


Pensar que no podemos cambiar, que somos inmutables, es una creencia muy limitante que está científica y empíricamente demostrada como falsa. Nuestra personalidad y todo nuestro ser, están impresas en billones de conexiones sinápticas en nuestro cerebro. Las nuevas tecnologías en neurología han podido demostrar como esas conexiones cambian constantemente a lo largo de toda la vida. Algunas conexiones desaparecen, otras se crean, cambian en función de nuestra conducta y por lo tanto, de nuestra voluntad.


No hay mejora sin cambio, y no hay cambio sin introspección, sin salir de la zona de confort, sin nuevos aprendizajes o tomas de consciencia.

Todo comienza con la toma de consciencia de que queremos o tenemos que mejorar algún aspecto de nuestra vida, o dicho de otra manera, detectar la “Tara”. Bien por aspiraciones propias, o bien para aliviar el sufrimiento propio o el de otras personas. A veces las personas que nos quieren nos repiten mensajes constantemente para ponernos en la pista. Todos vemos claramente las taras en los demás, pero es realmente difícil verlas en nosotros mismos. No es algo fácil, se puede pasar una vida entera ignorando cuestiones que te dicen todos los días. ¿Qué te dicen insistentemente los que te quieren?.


A veces nos dicen “Sigues siendo el mismo, no has cambiado”. Nos lo dicen como halago, y en el fondo viene a decir que seguimos manteniendo aquellas virtudes o defectos de antaño. Un halago mucho mejor con nuestro propósito de desarrollo personal sería “No eres el mismo, has cambiado, has mejorado…”

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