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  • Paco Calvo

¿Cuanto valen las cosas sencillas?

Las cosas caras, tienen valor por ser escasas o de difícil acceso. Si los diamantes fuesen tan numerosos como los guijarros de río (piedras pelonas como las llamamos en mi pueblo), no tendrían valor económico alguno. ¿Seguirían siendo tan bellas entonces?, creo que sí.

La sociedad de consumo nos enseñó a desear lo escaso, lo de difícil acceso, y obviar lo que está a nuestro alcance, a veces sin ningún tipo de esfuerzo. Inventaron múltiples objetos de deseo de los que se supone que depende nuestra felicidad y para los que se exige mucho esfuerzo, y lo más valioso, nuestro tiempo.


Y está claro que hay que encontrar una manera de ser útil a los demás, tener proyectos y sueños que persigan la realización personal. Y si el dinero viene bienvenido sea, porque al fin y al cabo es necesario, y permite vivir con mayor comodidad. Pero cuando el dinero se convierte en el fin de una vida, es posible que aseche la sombra de la frustración y la infelicidad, porque nunca viene en cantidad suficiente para complacer a nadie.

Según algunos estudios científicos como el de Michael Norton, una vez cubiertas las necesidades básicas, no hay relación entre el dinero y la felicidad. Los ricos son tan infelices o felices como los demás. Ningún objeto de deseo produce felicidad, tan solo momentos efímeros de placer. Lo que verdaderamente resulta placentero para muchas personas, es el poder que otorga el dinero con respecto a los demás, y poder exhibir presuntuosamente dicho poder, para así posicionarse en los primeros escalafones de una supuesta jerarquía social, común en buena parte de los simios, así salvan en parte sus complejos. De esto se salvan las personas que no necesitan justificar constantemente ante los demás, su valía personal.


Pero la realidad es que las mejores cosas de esta vida, son gratis o casi, así de simple. Escuchar buena música, ver un amanecer o un atardecer, hacer el amor, un beso en la mejilla de un ser querido, brindar con amigos, disfrutar de la naturaleza, leer un libro, escuchar una historia, hacer deporte, pasear, una conversación apasionada, etc. Las llaman las cosas sencillas, tristemente estarían más valoradas si fuesen escasas y poco accesibles, pero afortunadamente están ahí, al alcance de la mano.

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